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sábado, 22 de mayo de 2010

Magic forever

No he sido justo. Son muchas las entradas que he escrito y aún no le había rendido homenaje a uno de los mejores, Earving "Magic" Johnson. Pues de hoy no pasa.

Mi madre dice de él que es "uno más de la familia",y en aquellos maravillosos ochenta casi era cierto, pues pasaba más tiempo con él que con alguno de mis hermanos. Innumerables noches viendo partidos a las tantas de la madrugada, para despertar, molido pero contento, y con ganas de copiar un par de nuevas jugadas que él nos enseñaba. (Nos encantaba comentarlas en clase al lunes siguiente, e intentar imitarlas en el recreo).

Todos lloramos el día que anunció su retirada, y maldije esa enfermedad, porque nos privó del más grande en su mejor momento, y nos puso los pies en la tierra, ya que descubrimos que "Magic" era humano. Nos hizo madurar de golpe, fue como descubrir que los Reyes Magos son los padres. Doloroso y frustrante.

Recientemente, he vuelto a ver en las tiendas las weapon 1986,y no he podido resistir la tentación de comprarlas. Es como conducir un coche clásico, no son tan cómodas como las actuales, pero sin duda tienen algo especial.


Una de las anécdotas que más me han impresionado de él es que siendo rookie, llegó a las finales, con Kareem lesionado, (no recuerdo el año, soy bastante malo para las fechas)y le tocó jugar de pívot. Pues bien, llamó a su padre y le dijo :"hoy voy a jugar como en el instituto, de pívot, meteré muchos puntos". Efectivamente ese día demostró a todos una entereza impropia para un chaval de su edad. Jugó de pívot, y metió más de 30 puntos, para conseguir su primer título de campeón. Lo más asombroso e inusual es que conociera hasta tal punto el baloncesto, que sabía que jugando de base no anotaba tanto, pero no le importaba. No le importaba porque es uno de esos pocos jugadores que disfrutan del baloncesto al completo. Disfruta regalando asistencias, reboteando, dirigiendo el contraataque, o incluso defendiendo. El baloncesto tiene múltiples caras, algunas amargas, pero todas sabias, y a los que están aprendiendo a jugar, les recomiendo que se fijen en cómo habla Magic sobre el baloncesto. Como un enamorado, como si fuese el niño que por primera vez salta a una cancha de basket, como si el mundo se fuera a terminar mañana. Siempre recordaremos su eterna sonrisa, con esos dientes blancos y enormes como teclas de piano, mientras explicaba su forma de sentir el basket, que no era otra que el showtime.

Por todo esto, y lo que se nos queda en el tintero, merece estar en nuestro salón de la fama particular, y recordarlo con un vídeo nunca está de más, aunque muchas de las jugadas las sepamos de memoria.

Por cierto, la música ochentera le va que ni pintado. Hasta otra.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Viva la vida.



A veces empiezo una entrada al revés; es decir, elijo primero la música y así me inspiro para escribir. Éste es el caso de hoy. Creo que el título del disco de Coldplay no puede ser mejor,(Viva la vida, para los despistados) y como la entrada del mes pasado fue más bien triste, he decidido que nada mejor para animarse y escribir alegremente.

Le dedico las líneas de hoy a un jugador que ha sabido vivir la vida. A un jugador que ha abierto puertas a una generación de baloncestistas con talento innato, muchas horas de entrenamiento, y una pequeña dosis de locura y simpatía que le ha llevado a lo más alto. Estoy hablando de una generación de campeones entre los que figuran Toni Kukoc y Dino Radja. Estoy hablando de Vlade Divac.

Feo y chepudo como pocos, (al menos en la NBA), pero talentoso, desprendido, descarado y ganador como sólo unos elegidos en el mundo. Muchas veces se dice que ha tenido la suerte de jugar en equipos ganadores, pero creo que él era de los que creaba este carácter en los equipos en los que militaba. Siempre buscando el pase antes que el tiro, el rebote y la falta personal en ataque, era el maestro de los intangibles, estadística tan importante y olvidada, en la que sus números eran geniales. Además no dudaba en completarla desde el banquillo, si hacía falta, animando, bromeando, abroncando a sus compañeros, y creando equipo en una palabra.
Él mismo, humildemente decía que era el "gracioso" del equipo, pero sus compañeros decían de él que realmente era el "pegamento" del equipo. Ganaran o perdieran, él los mantendría unidos a todos. En los tiempos que corren, de egoísmo desmedido, de grandes individualidades, reivindico desde aquí a los jugadores de equipo. Tan importantes y tan olvidados por el gran público.

No sería justo quedarnos sólo en esta faceta de su vida baloncestística, ya que ha sido un grandísimo jugador. Precursor en el tiro exterior para su estatura, y sobre todo en la visión de juego, el pase y el control del "tempo" del partido. Podías esperar de él cualquier cosa en los minutos finales. Desde desquiciar al contrario, hasta robar balones, coger ese rebote que vale un partido o hacer la falta táctica importantísima. Sabían que la iba a liar, pero nadie podía evitarlo. Sigue relacionado al basket, desde su tierra natal, Serbia, y personalmente, es una de esas personas con las que estaría encantado de poder tomar un café, para hablar de la vida, no sólo de basket, ya que nos puede enseñar muchas más cosas.

Viva la vida.